La historia de Claire: La Defensa Empieza Pequeña, Luego Florece | FAMM

La historia de Claire: La Defensa Empieza Pequeña, Luego Florece

Me llamo Claire Tate. Soy la vicepresidente de una organización sin fines lucrativos de justicia criminal en Arizona llamada  S.T.A.R.T. Project (Striving to Achieve Reform Together — Luchando Por Alcanzar la Reforma Juntos), uno de los socios de  FAMM. Estamos en una misión de reunir familiares impactados por el sistema penal y las personas previamente encarceladas para reformar las duras leyes de sentencia de Arizona y mejorar las condiciones de prisiones. También estoy casada con un hombre encarcelado, Joshua. (Haga clic aquí para esta historia en inglés)

 

Tenemos dos niños pequeños, y uno de nuestros lugares favoritos para ir es la biblioteca. Al día siguiente que Joshua se fuera a prisión, cuando Eliyahu tenía tres años, estábamos jugando en el área de los niños, y otro niño de tres años vino con su madre a jugar, también. Nuestros chicos hicieron clic de inmediato y lo estaban pasando muy bien. Llegó la hora de irnos, pero la mamá del otro niño y yo decidimos volver al día siguiente para que nuestros hijos jugaran un poco más – ella dijo que su hijo necesitaba más socialización y ella misma necesitaba un poco de socialización y pregunto si a las 4 p.m. estaría bien. ¡Por supuesto! Mis hijos estaban tan emocionados – ¡nuestra primera verdadera reunión oficial para jugar era real!

Al día siguiente, todos llegamos y la diversión empezó inmediatamente. Aquella madre y yo empezamos a hablar sobre nuestras vidas, hablamos de cómo llegamos a esta ciudad, y a lo que se dedicaban  nuestros maridos – ella conoció a su marido en las fuerzas militares, como muchas familia en nuestra ciudad. Yo compartí lo que hizo mi marido … antes de que se fuera a prisión. Su rostro permaneció tranquilo, pero sus ojos la delataron, un breve destello cuando dije “prisión”. Dije: “Sólo por drogas, nada peligroso, su sentencia era demasiado dura de todas formas…” y seguimos adelante. La cita de juego terminó, y prometimos que nos reuniríamos pronto –quizás visitaríamos el parque la próxima vez. Nunca me volvió a llamar.

Mi familia está a la mitad de una condena de 10 años de prisión mínima obligatoria. Mi marido, Joshua, fue condenado por poseer menos de 2,5 gramos de metanfetamina para el uso personal en el condado de Yavapai. Para referencia, una moneda de cinco centavos pesa cinco gramos. Aunque la lucha de Josh con la drogadicción condujo a su encarcelamiento, sólo ha recibido 21 días de tratamiento antidrogas. Unas semanas antes del día de la sentencia, mientras me encontraba en el proceso de recoger cartas de carácter, le aseguré un lugar en el Teen Challenge, o el Desafío Adolescente, un programa de un año de duración de rehabilitación de drogas en Phoenix. Le rogué a su abogado que le suplicara al juez que le permitiera asistir  a ese programa en lugar de mandarlo a prisión.

El juez dijo que no, pero que recomendaría que fuera al Servicio de Tratamiento Penitenciario de la Comunidad Marana, una prisión pequeña y privada que trata el abuso de sustancias – todavía prisión, pero con un giro. Marana es un lugar  de “sentencias cortas” – las únicas personas que pueden ir a Marana han recibido cinco años o menos de sentencia, y este juez le dio a Joshua 10.

Ahora Eliyahu tiene cinco años, y Hannah acaba de cumplir tres. Ella tenía tres semanas cuando Josh fue a prisión. Ha tenido un poco de problema recordando los colores, pero puede recordar naranja fluorescente – el color del traje enterizo naranja. Unos de sus primeros pasos los dio en la sala de visita de prisión. Cada uno de sus cumpleaños también marca un año más cumplido en la sentencia de Joshua – un año más cerca de su libertad.

Todos de los fotos de nuestra familia fueron tomadas por un guardián de prisiones.

La primera vez que fuimos a visitar a papá en prisión, Eliyahu también tenía tres años y Hannah acababa de cumplir uno. Josh lloró cuando finalmente nos vio – había estado viendo a nuestros bebés crecer y cambiar sólo a través de fotos durante un año. Nuestro niño prosiguió justo donde se dejaron de ver, comiendo, hablando, tocando. Hannah estaba desconcertada porque no sabía quién era este hombre – ¿Por qué habíamos venido aquí, mamá? Su pequeña niña, el vivo retrato de él, no quería nada que ver con él. Ella lloró cuando la puse en su regazo, y se negó a mirarlo cuando la puse de vuelta en el mío. Las cosas han mejorado desde la primera visita (él es todo de  lo que Hannah habla ahora), por supuesto, pero Hannah nunca ha conocido a su padre en ninguna parte excepto en la cárcel. Todas las  fotos de nuestra familia fueron tomadas por un guardián de prisiones.

Desde el día que nos conocimos –sí, fue amor a primera vista– hemos sido inseparables. Josh y yo nunca hemos pasado un momento separados, incluso cuando  él me contrató para trabajar como su secretaria, así  podríamos pasar días de trabajo juntos también. Bromeamos acerca de que podríamos  vivir en un departamento del tamaño de un  estudio, simplemente porque nos gustamos tanto. Josh es mi otra mitad –su amor es paciente, su amor es amable— y es nuestro amor que ha hecho que esta separación sea más fácil de atravesar, pero al mismo tiempo, ha dejado un enorme vacío debido a lo cerca que estamos. Siento su ausencia de muchas maneras durante el día, especialmente cuando tengo que tomar grandes decisiones por mi cuenta, y esperar a ver si hice lo correcto, o cuando los niños y yo salimos fuera en nuestra misma ciudad.

Le contaré a cualquiera sobre Josh, como hice con esa mamá en la biblioteca ese día. No está muerto, no me dejó. Él me ama, somos una familia, él justo está afuera ahora. Su cargo más grave, posesión de una droga peligrosa para uso personal, fue una condena justa. Pero su castigo obligatorio no encaja con el crimen. La adicción es una enfermedad mental, y debemos tratarla como tal. La cárcel debe reservarse para personas que no puedan ser controladas de manera segura en la comunidad, no estar llenas de gente que nos ha hecho enojar por su compulsión de consumir drogas.

La historia de mi familia es un ejemplo perfecto de por qué deben desmantelarse los planes de sentencia mínimos obligatorios en los libros de derecho de Arizona. El juez dijo al pronunciar la sentencia,  después de que mi suegra comenzara a llorar, “Si no te gusta lo que tengo que darte, llevalo a la legislatura del estado. Ellos dicen  que mereces 10 años, así que aquí están”. Eso es justo lo que estoy haciendo, la defensa.

Después de que Joshua se fue a prisión, hice lo que mucha gente en la misma situación hace hoy en día cuando quieren conectarse con otras personas— me subí a Facebook. Empecé a seguir a FAMM. Fui uno de los primeros miembros de las FAMMilias en Acción, me involucré después de leer el perfil de Cassie Mónaco y pensé: “Wow, no soy la única”. Desde entonces, me he unido a muchas páginas y grupos de reforma de la justicia penal y así es como conecté con Lillian Coppes, la presidente del proyecto  S.T.A.R.T.  Juntas, vimos la necesidad de un movimiento de reforma penitenciario en Arizona, dirigido por familias de personas encarceladas. Lo que empezó como un pequeño grupo de Facebook llamado Movimiento de Reforma de las Prisiones en  Arizona (Arizona Prison Reform Movement) se ha convertido en una legítima organización  sin fines lucrativos  que está ayudando a llevar a la situación de los prisioneros de Arizona a la vanguardia. Estamos orgullosos de ser socios de FAMM y esperamos con interés la próxima sesión legislativa, durante la cual seguiremos luchando por alternativas al encarcelamiento,  la reforma para ganar  créditos de liberación y condiciones de prisión humanas.

Claire tuvo un pequeño incidente que la hizo sentir avergonzada y la convirtió en una defensora plena. Si quieres ser como ella y hacer lo mismo, únete a la FAMM. Juntos podemos hacer una diferencia!

Claire Tate (al derecho) y su familia.

State: Arizona
Issue: Sentencing

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